Artículo II
El mutuo acuerdo de los teólogos
es también criterio de la tradición
TESIS 21. El mutuo acuerdo de los Teólogos en tensas de fe y de costumbres es criterio cierto de la Tradición divina.
846. Nexo. En la tesis anterior hemos probado que el mutuo acuerdo de los Santos Padres es criterio de la Tradición divina, a causa de las conexiones íntimas que se dan entre este mutuo acuerdo y el Magisterio auténtico de la Iglesia. Al constar históricamente que se dan ciertas conexiones semejantes entre el Magisterio de la Iglesia y el mutuo acuerdo de los Teólogos, éste es el motivo por el que establecemos esta tesis.
847. Nociones. Ya tenemos suficientemente claro por la tesis anterior qué significan las nociones de CRITERIO y MUTUO ACUERDO, y también las condiciones de las que debe estar dotada la MATERIA DE FE Y DE COSTUMBRES acerca de la cual deben versar. Ahora vamos a explicar la noción de Teólogo.
TEOLOGOS son los varones que han cultivado la ciencia que trata acerca de lo relacionado con Dios, sacando esta ciencia de las fuentes de la revelación. Bajo esta noción general quedan comprendidos los Teólogos católicos y los no católicos. Reciben el nombre de Teólogos no católicos aquellos que pretenden extraer de las fuentes de la revelación la ciencia acerca de los temas relacionados con Dios guiados exclusivamente por la luz de la razón y por criterios filosófico-históricos. Teólogos católicos son aquellos los cuales extraen de las fuentes de la revelación la ciencia de los temas relacionados con Dios mediante un método ciertamente científico, filosófico-histórico, no obstante ayudados por la luz de la razón iluminada por la fe y por el Magisterio auténtico de la Iglesia en calidad de criterio supremo (cf. PIO XII «Humani generis»: D 2313, 2314).
848. Los Teólogos católicos, según los hemos definido, se dice que en la historia de la Teología pertenecen a tres épocas de la Iglesia: la 1ª. es la época de los Santos Padres, y abarca desde el comienzo de la Iglesia hasta San Juan Damasceno a mitad del siglo VIII; la 2ª. es la edad media, desde San Beda, antes de la mitad del siglo VIII, hasta comienzos del siglo XVI; la 3ª. es la edad moderna, a partir del Concilio Tridentino, antes de mediados del siglo XVI, hasta nuestros días. Dentro de cada una de estas tres épocas se señala Con toda razón un período muy espléndido de cien años: en la 1ª, después del Concilio I de Nicea, el ato 325; en la 2ª. después del Concilio IV de Letrán, el ato 1215; en la 3ª. después del Concilio de Trento, el ato 1563. En cada uno de estos períodos de esplendor también puede señalarse un Teólogo, que sobresalió entre los demás de un modo singular: en el primer período San AGUSTIN; en el 2º. S. TOMAS DE AQUINO; en el 3º hasta nuestros días, FRANCISCO DE SUAREZ.
849. Teólogos, en sentido más estricto son los varones que, después de la época de los Santos Padres, iluminados por la fe y guiados por el Magisterio de la Iglesia, han tratado de modo eminente la doctrina sagrada, principalmente en obras escritas. El argumento basado en los Teólogos se toma de hecho de los escritos de éstos, por lo cual en esta tesis hay que tratar sobre todo de los Teólogos que enseñan la doctrina sagrada en obras escritas,
850. Se llaman Teólogos recopiladores aquellos, principalmente Monjes, los cuales a partir de finales de la época patrística hasta el fin del siglo XI reducían en forma de compendio las obras de los Santos Padres reunidas en un solo conjunto, a fin de preservarlas de la destrucción en los tiempos turbulentos de la edad media. En efecto en esta época los Monasterios tuvieron entre sus prerrogativas la de ser prácticamente el único refugio de las ciencias; después también las Iglesias Catedrales, sobre todo en las ciudades donde Carlomagno ordenó que se establecieran centros de estudio. A partir del siglo XI se citan como los más famosos los centros de estudio que había en Tours, Orleans,-Reims, Corbie, Saint Gallus, Reichenau, Fulda, Clunv, Hildesheim, Paderborn, Bec, París, Santiago de Compostela.
Reciben el nombre de Teólogos positivos aquellos, que reúnen con fidelidad, con esmero y en su integridad y al mismo tiempo ordenan, según el pensamiento mismo de los propios autores, la doctrina de los temas concernientes a Dios extraída de monumentos genuinos, íntegros y de reconocida solvencia. Esta Teología positiva puede ser bíblica, sinodal, patrística, etc., según las distintas clases de monumentos de los que se extrae, Cf. PETAVIO, Dogmas teológicos I, en su prólogo,
Se llaman Teólogos escolásticos a aquellos, que a partir del siglo XII se preocuparon de coordinar en un solo sistema la doctrina sagrada echando mano de la filosofía, y también se preocuparon de poner esta doctrina sagrada más al alcance de la razón. Reciben el nombre de Escolásticos, por el hecho de que este modo de profundizar y de enseñar la doctrina sagrada comenzó y se cultivó en las escuelas públicas de la edad media fundadas las más de las veces por la autoridad de la Iglesia o al menos florecientes bajo su constante dirección y vigilancia, y de un modo especial en las Universidades. En efecto con posterioridad a los Estudios de los Monjes y de los Clérigos surgieron las Universidades, las más antiguas de todas las cuales, y a las que imitaron las otras se considera que fueron la de París y la de Bolonia, y ambas fueron erigidas y gobernadas por varones eclesiásticos y en provecho de la doctrina de la Iglesia, a partir de finales del siglo XII: en París se enseñaba principalmente Teología, en cambio en Bolonia se estudiaba de modo especial el derecho eclesiástico. A imitación de éstas, fueron fundadas en los siglos XIII y XIV otras universidades en Oxford, en Salamanca, en Tolosa, en Roma, en Cantábrica, en Montpellier, en Padua, en Palencia, en Ulisipona, en Orelia, en Pisis, en Viena, en Colonia, en Valladolid, en Coímbra, etc.
852. San ISIDORO DE SEVILLA y San JUAN DAMASCENO son Teólogos de finales de la edad patrística, los cuales intentaron sintetizar para el uso de las escuelas la doctrina sagrada de los Santos Padres, Los tres libros de las Sentencias de San ISIDORO y la Exposición de la fe ortodoxa de San JUAN DAMASCENO fueron los principales libros de texto para aprender Teología en las Escuelas antes de mitad del siglo XI, en el Occidente la obra de San Isidoro y. en Oriente la de San Juan Damasceno. San Isidoro recogió sus sentencias principalmente de San Agustín, y San Juan Damasceno de San Gregorio Nacianceno.
853. A mitad del siglo XI San ANSELMO «parece que fue inspirado por Dios, para mostrar con su ejemplo, con su palabra y con sus escritos el camino seguro y para ser guía y norma de los Doctores, los cuales después de él enseñaron la doctrina sagrada según el método escolástico, de los cuales el mismo San Anselmo fue llamado y considerado con razón el precursor». San ANSELMO estudió a fondo en sus obras los principales dogmas, de tal modo que hiciera más fácil a los Doctores posteriores a él el redactar un sistema consumado de Teología Dogmática.
854. En el siglo XII y hasta mitad del siglo XIII muchos han intentado llevar a cabo este sistema completo de Teología, a base de obras que tenían sobre todo un doble título, a saber Libros de las Sentencias y Sumas. Dentro de la clase de los Libros de las Sentencias alcanzaron mayor perfección y ejercieron un enorme influjo en autores posteriores HUGO DE SAN VICTOR († 1141) con su obra Acerca de los Sacramentos de la Fe Cristiana, y principalmente PEDRO LOMBARDO (t 1150) con sus Cuatro Libros de las Sentencias (1150-1152), la cual obra en extremo famosa ganó sin duda para su autor el sobrenombre de Maestro de las Sentencias y fue usada por los Teólogos de mayor renombre, sobre todo hasta finales del siglo XVI, para la enseñanza de la Teología y fue expuesta con multitud de comentarios.
855. Dentro de la clase de las Sumas sobresalieron con mucho por encima de las otras las obras de ALEJANDRO HALENSE († 1245), con su Suma de la Teología dividida en cuatro partes, y de un modo especial las obras de Santo TOMAS DE AQUINO († 1274) con su Suma Teológica (1267-1273) dividida en tres partes. Lo que no pudo escribir a causa de su muerte el Doctor Angélico: a saber el Tratado acerca de la Penitencia, de la Extremaunción, del Orden, del Matrimonio y de los Novísimos, parece que fueron añadidos a modo de suplemento, habiendo sido sacados de los Comentarios de Santo Tomás de Aquino a Pedro Lombardo, según la lectura de REGINALDO PIPERNENSE, el año 1280. En la Suma Santo Tomás supo con la capacidad prodigiosa de su ingenio hacer uso de la Filosofía aristotélica en orden a levantar un sistema teológica tan perfecto, que en él se alcanza el «summum» de armonía entre la fe y la razón, en contra de la antinomia de la razón frente a la fe que se empeña en defender a Averroes; y después de tantos siglos todavía no se ha vislumbrado atisbo de esperanza de dar con otro sistema teológico, el cual pueda decirse que es más perfecto que éste. Desde el siglo XVI ha habido entre los grandes Teólogos muchísimos comentaristas de la Suma de Santo TOMAS, entre los cuales destacan principalmente dentro de la Orden de Predicadores CAPREOLO, CAYETANO, BAÑEZ, JUAN DE SANTO TOMAS; en la Orden Carmelitana los conocidos con el nombre de Salmanticenses; en la Compañía de Jesús TOLEDO, VALENCIA, SUAREZ, VAZQUEZ,
856. Las conocidas con el nombre de Escuelas Teológicas surgieron después de mitad del siglo XIII, cuando comenzó a florecer la Teología especulativa. La variedad de estas escuelas no tuvo su origen en el diferente reconocimiento del dogma, sino en la distinta ordenación sistemática de las verdades reveladas y sobre todo en la diferente explicación racional de los dogmas y en la armonización con los sistemas filosóficos, Las principales Escuelas Teológicas, en razón de la condición de los principales Teólogos que pertenecen a las mismas, han recibido el nombre de Dominicana, Franciscana, Agustiniana, Carmelitana, Jesuítica, etc,; a causa del renombre del Teólogo, que alcanzó el culmen en cada una de ellas, recibieron el nombre de Tomista, Escotista, Ocamista, Suareciana, etc. Estas denominaciones de las Escuelas, si bien caracterizan a las mismas, sin embargo no puede decirse que sean ni adecuadas ni exclusivas; en efecto, la Escuela que recibe el nombre de Jesuítica puede denominarse verdadera y propiamente Tomista, y sólo se diferencia de la Dominicana por lo que atañe al modo en tanto, en cuanto que gozando de una erudición exegético-patrística más amplia, pone mucho cuidado en enriquecer y en desarrollar más la doctrina tomista, y usa de una mayor autonomía y una más amplia libertad de opinión en aquellos temas que son discutibles.
857. A la vista de este resumen histórico se aprecia claramente: 1) Que para las Teólogos no se requiere la Antigüedad, que hemos exigido para los Santos Padres; más aún los Teólogos son posteriores a la época de los Santos Padres, 2) Que no se requiere la Santidad, si bien ésta de ningún modo se excluye, ya que muchos entre los Teólogas verdaderamente Santos. 3) Que no se requiere aquella aprobación al menos común de la Iglesia que alcanzaron los Santos Padres; si bien no se excluye sin embargo esta aprobación, pues muchos de ellos, sobre todo aquellos que fueron proclamados Doctores de la Iglesia, gozan de una verdadera aprobación eclesiástica, 4) requiere positivamente para los Teólogos una cierta excelencia doctrinal que aparece en sus escritos. 5) También se requiere la ortodoxia en la doctrina reconocida al menos por la Iglesia en tanto en cuanto los escritos de estos Teólogos están en el manejo de los fieles o de las escuelas, sabiéndolo y no oponiéndose a ellos el Magisterio de la Iglesia.
858. Estado de la cuestión. A fin de que el mutuo acuerdo de los Teólogos sea criterio cierto de la Tradición divina, exigimos el que se trate de Teólogos católicos en el sentido estricto de la palabra, el que sobresalgan por la excelencia y la ortodoxia de la doctrina, el que escriban acerca de temas de fe o de costumbres bien como testigos de la fe de la Iglesia o bien como doctores, si no auténticos, al menos que prueban sus afirmaciones con argumentos convincentes, que el mutuo acuerdo de ellos sea objetivo, moralmente unánime y expresado mediante una sentencia cierta.
859. Historia de la cuestión. ROGERIO BACON (1214-1294), el cual mediante el método empírico halló ciertamente las leyes físicas de la reflexión y de la refracción de la luz, sin embargo atacaba con gran violencia el método escolástico. Los Humanistas, los cuales estimando las artes y la literatura clásicas por encima de lo merecido, propalaron muchas invectivas en contra de los escolásticos, a los cuales con desprecio les llamaban «bárbaros» por el hecho de que descuidaban, según ellos la forma estilística.
WICLEFF y los Protestantes son los principales adversarios, los cuales acumularon tantas burlas contra los Escolásticos, que el nombre mismo de «Escolástica» llegó a ser para ellos sinónimo de ciencia vana, falaz e inútil. V.gr. MELANCHTON dice: «La Teología escolástica no es otra cosa que una cavilación diabólica inútil, ficticia, rechazada, y un sueno de monjes». En cambio los Protestantes más modernos y los Racionalistas, conociendo mejor el valor histórico y científico de la Teología escolástica, desaprueban expresamente y de forma severa estas invectivas de los Protestantes de anteriores épocas.
Los Jansenistas desprecian la Teología escolástica en cuanto influida por la Filosofía racional, y afirman que solamente debe cultivarse la Teología positiva, tanto bíblica como patrística, y exageran la autoridad de S. Agustín: D 1320.
860. Aquellos Filósofos que son más o menos partidarios de FRANCISCO BACON DE BERULAMIO, sostienen que en las ciencias solamente hay que echar mano del método experimental, y por ello atacan el método especulativo de la Teología escolástica. En cambio los Cartesianos van en contra de la Escolástica por el hecho de haber procurado ésta armonizar la razón con la fe, y por suponer a causa de ello que puede quedar limitada la razón, De igual modo KANT, el cual defendió la primacía absoluta de la razón pura, Por otra parte los Semirracionalistas y los Modernistas al afirmar la absoluta y total independencia de los órdenes de la revelación sobrenatural y de la razón natural, atacan duramente el método escolástico, porque éste ha unido estos dos órdenes y ha procurado armonizarlos.
861. Doctrina de la Iglesia. 1) La Iglesia defiende en primer término a la Escolástica y a los cultivadores de ésta en contra de sus atacantes. El Concilio IV de Letrán (1215) en contra del ABAD JOAQUIN; D 431-432, El Concilio de Constanza (1418) en contra de WICLEFF y HUS; D 609.
En contra de los Protestantes, SIXTO V (1588) el cual escribe; Los herejes, que «atacan con toda su fuerza en este siglo luctuoso la Teología, que recibe el nombre de Escolástica, Nos avisan en gran manera el que mantengamos con todo empeño, aclaremos, propaguemos la misma Teología, la cual es la más fructífera para la Iglesia de Dios… Así pues cuanto más se empeñan los herejes en atacar y destruir esta fortaleza totalmente protegida de la Teología escolástica, tanto más es conveniente el que Nos defendamos este fuerte invencible de la fe y conservemos y protejamos la herencia de Nuestros Padres, y honremos, cuanto es posible, con los honores que merece a las defensores acérrimos de la verdad».
PIO VI en contra de los Pistorienses («Auctorem fidei» 1794) D 1576, 1579, En contra de BONNETTY, tradicionalista, PIO IX (1855) D 1652. En contra de GüNTHER, semirracionalista, PIO IX (1857) D 1657, En contra de los Semirracionalístas PIO IX (1863) D 1680, 1713. En contra de los Modernistas, PIO X («Pascendi» 1907) D 2104. Además en la misma Encíclica dice:
«Se mofan a cada paso y desprecian la Filosofía y la Teología escolástica [los Modernistas].., es cierto el que el afán de novedades está siempre unido con la aversión al método escolástico; y no hay ninguna señal más clara de que uno empieza a seguir las opiniones del Modernismo, que cuando comienza a rechazar el método escolástico». Cf. PIO XII, Humani generis: D 2309, 2312.
2) La Iglesia tiene en gran aprecio el mutuo acuerdo de los Teólogos y ha usado éste como criterio de verdad teológica en el Concilio de Viena (1312) D 480 en la parte final; cf. D 483. Y PIO IX estableció expresamente (1863 «Tuas libenter») que hay que seguir el mutuo acuerdo de los Teólogas: D 1680, 1683, 1684, 1713, Y por la historia de los Concilios Tridentino y Vaticano I consta que se reconoció en ellos, como criterio cierto de verdad en materia de fe y de costumbres, el mutuo acuerdo unánime de los Teólogos o de las Escuelas teológicas.
862. Valor dogmático. En virtud de la expresa recomendación de .PIO IX, la doctrina de la tesis debe decirse que es Doctrina Católica. Por el modo práctico de obrar en los Concilios Ecuménicos, y sobre todo en el Tridentino y en el Vaticano I, la tesis es teológicamente cierta.
863. Prueba. El mutuo acuerdo de los Teólogos en materia de fe y de costumbres está tan íntimamente conexionado con la Iglesia docente, que un error en el mutuo acuerdo de los Teólogos ocasionaría necesariamente un error de la Iglesia Universal; es así que la Iglesia Universal no puede equivocarse en materia de fe y de costumbres, luego tampoco puede equivocarse el mutuo acuerdo de los Teólogos, y por tanto este mutuo acuerdo es criterio cierto de la Tradición divina.
La menor consta por las tesis acerca de la infalibilidad de la Iglesia.
864. En cuanto a la mayor. Por mutuo acuerdo de los Teólogos en materia de fe y de costumbres se entiende por el que, o bien testifican la fe de la Iglesia, o bien enseñan con sentencia cierta alguna doctrina como que debe ser sostenida por todos acerca de la fe o de las costumbres. Este mutuo acuerdo de los Teólogos está íntimamente conexionado con la Iglesia docente y en verdad de muchas formas:
a) Con conexión de origen, ya que la Iglesia docente, esto es los Pontífices, los Obispos, los Párrocos, etc., a partir de mitad del siglo VIII, atendió generalmente al magisterio de los Teólogos y aprendió siempre del mismo magisterio lo que hay que proponer a los fieles como de fe o de costumbres.
b) Con conexión de responsabilidad moral, puesto que a partir del siglo XII hasta el siglo XVI la Iglesia docente fundó todas las escuelas y estableció los profesores de Teología, dirigió estas escuelas o al menos veló por ellas de tal modo que en todas incluso en las Universidades el Cancelario representaba al Sumo Pontífice con la función de tener cuidado acerca de la ortodoxia de la doctrina.
c) Con conexión de causalidad moral, ya que después del Concilio Tridentino la Iglesia docente organizó los Seminarios de los Clérigos, en los cuales bajo la acción directa y plena de los Obispos se dedicaban los profesores y los alumnos al estudio de la Teología.
d) Con conexión de influjo instrumental, ya que la Iglesia docente siempre usó de los Teólogos como consultores y como auxiliares para ejercer su función doctrinal, tanto de modo ordinario en las Curias episcopales y en la Curia papal, como de modo extraordinario en los Concilios bien particulares, bien generales, bien ecuménicos.
e) Con conexión de aprobación al menos implícita, ya que la Iglesia docente ha procurado con toda diligencia el proscribir los errores, principalmente los que eran propuestos por Teólogos en sus escritos, y por ello después del Concilio Tridentino el Sumo Pontífice instituyó la Congregación del Índice, para que esta fuera la que tuviera principalmente el cuidado acerca de esto; ahora bien esta vigilancia de los libros fue confiada en su totalidad por BENEDICTO XV a la Congregación del Santo Oficio.
865. Está claro que esta vigilancia es continua por el. frecuente ejercicio de la misma, el cual ejercicio puede probarse de modo abundante por los solos casos citados por el Denzinger a partir de mitad del siglo XII hasta el Concilio Trídentino: sobre ABELARDO, D 1,68; acerca de los Teólogos de París, D 442; de GUILLERMO DEL SAN-10 AMOR, D 458; sobre PEDRO JUAN DE OLIVA, D 480; de JUAN DE POLIACO, D 491; acerca de MARSILIO PATAVINO, D 195; de ECKARDO, D 501, de NICOLAS DE ULTRICURIA, D 5113; sobre DIONISIO FOULLECHAT, D 575; acerca de JUAN VICLEFF y de JUAN HUS, D 581 7 627; sobre ZANINI DE SOLCIA, D 717a; de PEDRO DE RIVO, D 719; acerca de PEDRO DE OSMA, D 724; de MARTIN LUTERO, D 741. El Índice tridentino de libros prohibidos la aprobó Pío IV el año 1564. Posteriormente Gregario XIII, el año 1572, instituyó la sagrada Congregación del Índice. León XIII ‘el ata 1901 publicó el índice de libros prohibidos corregido y aumentado, al cual hay que añadir después los libros prohibidos por la sagrada Congregación del Santo Oficio hasta nuestras días. Este cuidado se mantiene de forma continuada y permanente hasta nuestros tiempos, según se ve claro respecto a los Semirracionalistas HERMES y FROHSCHAMER, D 1619 y 1666-67, y respecto a los Modernistas en el Decreto «Lamentabili», D 2001. A causa de esta conexión tan estrecha se deduce absolutamente que un error en el mutua acuerda de los Teólogos acerca de materia de fe o de costumbres necesariamente habría debido ocasionar un error de la Iglesia Universal. Acerca de las Modernos cf. la Humani Generis.
866. Se confirma a priori por la honesta emulación, que existe entre las Escuelas teológicas, emulación que desean y alaban con razón los Sumos Pontífices, ya que aprovecha mucho en orden al progreso de los estudios: D 2192. Dé donde argumentamos: A causa de la honesta emulación, que se produce de forma muy animada entre las distintas Escuelas de los Teólogos, unos sopesan con todo cuidado las afirmaciones de los otros y no las admiten fácilmente a no ser que hayan visto que están plenamente demostradas, sobre todo si versan acerca de materia de fe o de costumbres. Luego el mutuo acuerdo unánime de los Teólogos en materia de fe y de costumbres hay que juzgar que es un criterio seguro de la Tradición divina.
867. Objeciones. 1, La ciencia de los Teólogos es solamente verdadera de -un modo relativo y siempre falible; luego no puede ser criterio cierto de la Tradición divina.
Prueba del antecedente. La ciencia de los Teólogos se deduce del depósito de la fe mediante principios de sistemas humanos; es así que los sistemas humanos son sólo relativamente verdaderos y siempre falibles; luego también la ciencia de los Teólogos es sólo relativamente verdadera y siempre falible.
Respuesta. Distingo la mayor. La ciencia de los Teólogos se deduce del depósito de la fe mediante principios de sistemas humanos absolutamente verdaderos y totalmente ciertos, concedo la mayor; sólo relativamente y meramente probables, niego la mayor y contradistingo la menor. Los sistemas humanos son sólo relativamente verdaderos y siempre falibles en cuanto algunas conclusiones que se dan en todo sistema humano, las cuales conclusiones son sólo relativamente verdaderas y meramente probables, concedo la menor; en cuanto a sus principios absolutamente verdaderos y totalmente ciertos, niego la menor. Para una mayor explicación de esta solución, recuérdese lo que hemos dicho en el nº 736.
2, La ciencia de los Teólogos es conocimiento de las verdades de la fe por una cierta analogía con las verdades de los sistemas humanos; es así que este conocimiento analógica no puede ser absolutamente verdadero y totalmente cierto; luego la ciencia de los Teólogos no puede decirse que sea un conocimiento absolutamente verdadero y totalmente cierto.
Respuesta. Distingo la mayor. La ciencia de los Teólogos es conocimiento de las verdades de la fe mediante una cierta analogía verdadera con verdades de sistemas humanos y fundamentada esta analogía en la revelación misma, concedo la mayor; mediante una analogía no verdadera o que no está fundamentada en la revelación, niego la mayor y contradistingo la menor. El conocimiento análogo de las verdades de la fe mediante una analogía no verdadera o que no está fundamentada en la revelación no puede ser absolutamente verdadero y totalmente cierto, puede pasar la menor; mediante una analogía verdadera y que está fundamentada en la revelación, subdistingo: no puede ser un conocimiento propio, adecuado y comprensivo, concedo; no puede ser un conocimiento absolutamente verdadero y totalmente cierto, aunque sea análogo, inadecuado y abstractivo, niego. Para la explicación de la solución cf. lo que hemos dicho en el n.735.
868. 3. Además de constar de los dogmas definidos por la Iglesia, la ciencia de los Teólogos consta de elucubraciones y de sutilezas, que no exceden los límites de La probabilidad; luego hay que atenerse en cuanto a criterio a las definiciones de la Iglesia, en cambio la ciencia de los Teólogos no puede ser considerada como absolutamente verdadera y como conocimiento totalmente cierto.
Respuesta. Distingo el antecedente. Además de constar de los dogmas definidos por la Iglesia, la ciencia de los Teólogos consta solamente de elucubraciones meramente probables, niego el antecedente; consta también de estas elucubraciones, subdistingo: acerca de temas todavía no plenamente probados y no necesariamente conexionados con las verdades reveladas, concedo-, acerca de temas ya plenamente probados y conexionados necesariamente con las verdades reveladas, niego y distingo igualmente el consiguiente, y niego la consecuencia.
4. Los Teólogos tienen la autoridad que se atribuyen ellos a sí mismos; es así que ellos, como hombres, son falibles; luego su autoridad no puede ser criterio cierto de la Tradición.
Respuesta. Distingo la mayor. Los Teólogos tienen la autoridad que se atribuyen a cada uno de ellos mismos, puede pasar la mayor; tienen la autoridad qué ellos mismos atribuyen a su mutuo acuerdo, subdistingo: probando-dicha autoridad por la conexión íntima de este mutuo acuerdo con el Magisterio de la Iglesia, conceda, atribuyendo esta autoridad arbitrariamente y sin prueba alguna al mutuo acuerdo de ellos mismos, niego y contradistingo la menor. Los Teólogos, como hombres, son falibles uno por uno, concedo la menor, estando de mutuo acuerdo, subdistingo: si enseñan independientemente del Magisterio de la Iglesia, concedo; si enseñan en conexión íntima con el Magisterio de la Iglesia, niego.
869. 5. Los Teólogos estando de acuerdo se equivocaron acerca de la materia del Sacramento del Orden, acerca de la sacramentalidad del Episcopado y de las Ordenes Menores, y acerca de otros temas parecidos, los cuales los enseñaron en conexión íntima con el Magisterio de la Iglesia; luego los Teólogos se equivocaron incluso estando de acuerdo y enseñando en conexión íntima con el Magisterio de la Iglesia.
Respuesta. Distingo el antecedente. Los Teólogos se equivocaron estando de acuerdo en sentido lato y defendiendo una enseñanza con una sentencia probable o no segura, concedo el antecedente; estando verdaderamente de acuerdo y proponiendo con sentencia cierta y firme una doctrina que debía ser sostenida, niego el antecedente y distingo igualmente el consiguiente. Cf. el tratado sobre los Sacramentos acerca de las sentencias de los Teólogos sobre las doctrinas que se citan.
6. Al mutuo acuerdo unánime y firme de los Teólogos de una época más de una vez se ha opuesto el mutuo acuerdo unánime y firme de los Teólogos de épocas subsiguientes; luego necesariamente en alguna ocasión los Teólogos estando verdadera y firmemente de acuerdo se han equivocado.
Respuesta. Distingo el antecedente. Al mutuo acuerdo unánime en sentido lato y no firme o bien acerca de temas no ciertamente o no necesariamente conexionados con las verdades reveladas, concedo el antecedente; al mutuo acuerdo verdaderamente unánime y totalmente firme o bien acerca de temas cierta y necesariamente conexionados con las verdades reveladas se la opuesto el mutuo acuerdo verdaderamente unánime y totalmente firme de épocas subsiguientes, niego el antecedente.
870. 7. Entre los Teólogos, aparte de los dogmas definidos por la Iglesia, no se da ninguna sentencia a la que no se opongan otros Teólogos; luego entre ellos, aparte de los dogmas definidos por la Iglesia, no se da un mutuo acuerdo verdaderamente unánime y totalmente firme.
Respuesta. Distingo el antecedente. Entre los Teólogos no se da ninguna sentencia a la que no se opongan otros muchos Teólogos, niego el antecedente; a la que no se oponga algún que otra Teólogo, subdistingo: y esta oposición de uno u otro Teólogo obsta al mutuo acuerdo físicamente unánime (el cual no lo exigimos), conceda, obsta al mutuo acuerdo moralmente unánime (el cual sostenemos que es suficiente), niego.
8. A cualquier Teólogo le está permitido el defender una nueva sentencia, haciendo caso omiso de la sentencia de los antiguos; luego siempre puede fallar el auténtico mutuo acuerdo moralmente unánime.
Respuesta. Distingo el antecedente. En temas de fe y de costumbres y en contra del auténtico mutuo acuerda de los Teólogos moralmente unánime y totalmente firme, niego el antecedente; en otro caso, subdistingo: si la nueva sentencia está avalada por argumentos realmente serios, puede pasan en otro caso, niego.
9. Los Teólogos más antiguos distan en varios siglos de la época de los Apóstoles, en la cual época quedó cerrada la revelación cristiana; es así que cuanto más se aparta un testimonio de su origen tanto más va a peor; luego el testimonio de los Teólogos acerca de temas revelados no puede ser considerado como criterio cierto de la Tradición.
Respuesta. Concedo la mayor y distingo la menor. Un testimonio meramente histórico cuanto más se aparta de su origen tanta más va a peor, puede pasar la menor; un testimonio dogmático, subdistingo; concebido independientemente del Magisterio de la Iglesia, puede pasar; un testimonio dogmático presentado en conexión íntima con el Magisterio perenne e infalible de la Iglesia, niego. La ley de la degeneración puede admitirse en asuntos meramente humanos; en cambio en los asuntos de la Iglesia, que conciernen a la esencia de ésta y a sus dogmas, no se da la ley de la degeneración puesto que gozan de perennidad bajo la asistencia eficaz de Dios que hace imposible tal degeneración.
871. Escolio. Acerca de la autoridad de Santo Tomás de Aquino.
Nos referimos a la autoridad de Santo Tomas en Teología. Por tanto prescindimos de todas aquellas razones y testimonios, que se aducen con razón para demostrar la autoridad en el Doctor Angélico en Filosofía, Ahora bien en Teología la autoridad de Santo Tomás es enteramente singular y, en general, mayor que la autoridad de cualquier otro Teólogo en la Iglesia Católica.
1) La autoridad teológica de Santo Tomás que recibe el nombre de intrínseca, es realmente enorme. Llamamos autoridad intrínseca a la que brota del valor intrínseco de la doctrina misma. Hizo muy atinadamente referencia a esta autoridad intrínseca LEON XIII con las siguientes palabras:
«Entre los Doctores Escolásticos, Santo Tomás de Aquino sobresale con mucho por ser el primero y el maestro de todos. éste distinguiendo ante todo, según conviene, la razón de la fe, y sin embargo asociando amistosamente ambas, por una parte conservó los derechos de las das y por otra parte atendió a su dignidad de tal modo que la razón elevada en verdad por el raudo vuelo de Tomás de Aquino a la cúspide humana, ya prácticamente no puede ascender a cimas más altas, ni tampoco la fe puede apenas esperar de la razón más o mayores ayudas, que las que ya alcanzó mediante Santo Tomás».
873. 2) Ahora bien la autoridad teológica del Doctor Angélico, que recibe el nombre de extrínseca, es también de primera magnitud. Llamamos autoridad extrínseca a aquella que le sobreviene al Doctor Angélico por el reconocimiento común de los que cultivan la misma ciencia teológica, Habla de ésta LEÓN XIII con las siguientes palabras:
«Los hombres más cautas, sobre todo en épocas anteriores, las cuales sobresalieron en cuanto a la gloria de los estudios teológicos y filosóficos, reunidas con enorme esfuerzo las obras inmortales de Santo Tomás, se entregaron no tanto a perfeccionarse con la sabiduría angelical de éste, cuanto a alimentarse íntimamente con la misma, Consta que casi todos los fundadores y legisladores de las Órdenes Religiosas mandaron a sus hermanos el que se dedicaran a las estudios de Santo Tomás y el que se adhirieran a los mismos con mucha piedad… Y hablando de esto nuestro espíritu con gran gozo eleva el vuelo a aquellas celebérrimas Academias y Escuelas, que en otro tiempo florecieron en Europa, a saber la de París, la de Salamanca, la Complutense de Alcalá de Henares, la Tucena, la de Toulouse, la de Lovaina, la de Padua, la de Bolonia, la de Nápoles, la de Coimbra y otras muchísimas, Ahora bien es cosa manifiesta el que en aquellas mansiones de la sabiduría humana alcanzó Santo Tomás el puesto cumbre, como en su propio reino; y también es manifiesto el que todos los ánimos tanto de los Doctores como de los alumnos alcanzaron por maravilloso mutuo acuerdo el descanso en el magisterio y la autoridad del solo Doctor Angélico».
874. 3) Por último la autoridad de Santo Tomás, que puede denominarse canónica, es mayor también que la autoridad de cualquier otro Teólogo católico. Decimos que puede denominarse Canónica la autoridad que le compete al Doctor Angélico a causa de la aprobación explícita con la que en muchas ocasiones los Sumos Pontífices encarecieron por encima de la doctrina de otros autores la de Santo Tomás.
. Antes del Concilio Vaticano a) en general muchos Sumos Pontífices ensalzaron con sus elogios la doctrina de Santo Tomás, a los principales de los cuales los cita LEON XIII en su Encíclica «Aeterni Patrís». b) En concreto, merece recordarme la aprobación de JUAN XXII en el Consistorio antes de la Canonización Calo 1318) y (año 1323) en la Bula misma de la Canonización de Santo Tomás. c) Debe decirse que es aún una aprobación más especial aquella por la que PIO V declaró a S. Tomás Doctor de la Iglesia universal.
875. 2º, Después del Concilio Vaticano, el Doctor Angélico alcanzó una aprobación singular y especialísima.
a) En primer lugar por parte de LEON XIII, en la Encíclica «Aeterni Patris», en la cual se enseña;
«Entre los Doctores Escolásticos sobresale con mucho Santo Tomás de Aquino, el primero y el maestro de todos; el cual por haber honrado extraordinariamente a los antiguos doctores sagrados, alcanzó en cierto modo la inteligencia de todos ellos, Santo Tomás reunió en una sola unidad las doctrinas de aquéllos, como miembros dispersos de un cuerpo y las aumentó, las dispuso con un orden maravilloso y les dio un gran incremento de tal forma que es considerado con derecho y con razón defensa y honor singular de la Iglesia católica consiguió él mismo por su esfuerzo el deshacer él solo todos los errores de las épocas anteriores y el suministrar armas enteramente invencibles en orden a destruir los errores que continuamente surgirán en la posteridad»,
876. b) Después por parte de PIO X, en el Motu proprio «Doctoris Angelici», dado para Italia y para las islas que la rodean, en el cual ordenó el que se usara la Suma de Santo Tomás de Aquino como libro de texto;
«Queremos, dice, mandamos y ordenamos que quienes son maestros de sagrada Teología en las Universidades, en los grandes Liceos, en los Colegios, en los Seminarios, en los Institutos, que posean por concesión apostólica la potestad de otorgar grados académicos y la Láurea en la misma disciplina, tengan la Suma teológica de Santo Tomás, como texto de sus preelecciones y la expliquen en latín: y pongan en esto cuidadoso empeño a fin de que los alumnos oyentes se sientan muy atraídos hacia ella». Esto mismo posteriormente la Sagrada Congregación de Seminarios y de Estudios Universitarios, en tiempo de BENEDICTO XV, se lo ordenaba a los Obispos de Italia y de Alemania; y PIO XI, en la Encíclica «Studiorum ducem», confirmaba el mismo decreto sin restricción alguna.
c) Posteriormente por parte de BENEDICTO XV, principalmente cuando ordenó esto en el Código de Derecho Canónico mediante una ley a la Iglesia universal;
«Los profesores expliquen enteramente los estudios de Filosofía racional y de Teología e instruyan a los alumnos en estas disciplinas según el método, la doctrina y los principios del Doctor Angélico, y todo esto lo mantengan santamente» (CIC cn,1366 2),
d) También por parte de PIO XI, cuando en la Encíclica «Studiorum ducem» confirme la Encíclica «Aeterni Patris» de LEÓN XIII y el Decreto «Doctoris Angelici» de PIO X; D 2191, y cuando añadió además en la misma Encíclica:
«Y Nos, dice, aprobamos estas alabanzas tan egregias tributadas a esta mente tan impagada en lo divino de manera que juzgamos que Santo Tomás de Aquino debe ser llamado no sólo Doctor Angélico, sino también Doctor Común, esto es Doctor universal de la Iglesia, cuya doctrina, según la dejó plasmada en multitud de monumentos literarios de toda clase, la Iglesia la hizo suya». Y el mismo Pontífice en la Constitución Apostólica «Deus scientiarum Dominus» a.29a, ordenó: «La sagrada Teología debe ser enseñada tanto con el método positivo como mediante el método escolástico; por tanto una vez expuestas las verdades de la fe y demostradas por la Sagrada Escritura y la Tradición, deben estudiarse y explicarse conforme a los principios y a la doctrina de Santo Tomás de Aquino la naturaleza y la razón íntima de estas verdades».
878. e) Por último por parte de PIO XII, el cual proclamó en el Discurso «Sollemnís conventus»:
«Es tal la sabiduría de Santo Tomás de Aquino, que extraordinariamente adecuada para explicar y defender los dogmas de la fe; es tal que puede eficazmente rechazar y exterminar victoriosamente los principales errores que han pululado en cualquier época, Por lo cual tened un ánimo amoroso y entregado hacia Santo Tomás: dedicaos con todo vuestro empeño y todas vuestras fuerzas a captar intelectualmente su brillante doctrina: todo lo que pertenece a ella de un modo patente y todo lo que es considerado en ella de un modo seguro como principal, abrazadlo de buen grado». Y en la Encíclica «Humani generis» dice: «Sabe bien la Iglesia que la doctrina de Santo Tomás de Aquino se armoniza con la revelación divina dando lugar a un a modo de concierto, y que esta doctrina de Santo Tomás es enormemente eficaz para poner a buen recaudo los fundamentos de la fe».
879. 4) Por tanto acerca de la autoridad de Santo Tomás, según lo que acabamos de decir, pueden admitirse estas conclusiones, que defiende R.Schultes:
I. «Una doctrina por el hecho de ser sostenida por Santo Tomás, no es de fe que debe ser aceptada ni material ni formalmente». II. «La doctrina de Santo Tomás no tiene tal autoridad, que deba ser considerada como teológicamente cierta». III. «La doctrina de Santo Tomás en materia de fe y de costumbres puede y debe ser sostenida con seguridad, con un asentimiento simple, incluso dejando a un lado la sentencia contraría de otra Escuela u otro Doctor».
Puede y debe ser sostenido con seguridad, ciertamente, «todo lo que pertenece de forma clara a la doctrina de Santo Tomás y es considerado en ella de modo seguro como principal» (Pío XII), y a no ser que se descubra que es «algo menos coherente con las doctrinas probadas de época posterior» (León XIII).
880. 5) DE GROOT definió bien la naturaleza de la autoridad, de la cual hablamos, al afirmar: «Los Romanos Pontífices recomiendan encarecidamente el conjunto de la doctrina tomista por encima de las demás doctrinas como una vía segura y una dirección en orden a alcanzar la verdad, Y por ello con razón puede aplicarse a las doctrinas teológicas del Doctor Angélico aquella norma, que acerca de la aprobación de las tesis filosóficas del mismo Doctor fue publicada por la Sagrada Congregación de Seminarios y Estudios Universitarios ‘y fue confirmada por Benedicto XV; «Sean propuestas, dice, como normas directivas seguras. Esta norma fue además proclamada ciertamente por el mismo Pontífice en carta al Rvdo.F. Wlod Ledóchowski con estas palabras; «Nos juzgamos que tú has pensado acertadamente, cuando has juzgado que se adhieren suficientemente al Doctor Angélico aquellos, que consideran que deben proponerse las tesis acerca de la doctrina de S. Tomás como normas directivas seguras, a saber sin que se imponga ningún deber de abrazar todas las tesis».
881. 6) Hay que desear y recomendar una justa libertad y una honrada emulación. En efecto llevado por lo que se habló en el Concilio Vaticano I y dotado de un conocimiento exacto por lo que se definió en dicho Concilio, LEON XIII escribió la Encíclica «Aeterni Patris» a fin de proveer algún remedio eficaz en contra de los peligros del Racionalismo. PIO X v EENEDICTO XV publicaron sus reglas en contra del agnosticismo del Modernismo. Ahora bien todo esto, que ordenaron o recomendaron tan sabiamente los Pontífices en contra de los enemigos de la fe, algunos católicos, dejándose llevar por un afán partidista lo distorsionaron sobre todo conduciendo a un altercado entre los domésticos de la fe, al afirmar que el Tomismo como sistema había sido prescrito por la Iglesia de tal forma que incluso otros sistemas de los católicos deberían ser considerados por ello mismo como excluidos y al menos como implícitamente desaprobados. Con esta exagerada interpretación la honesta emulación de las Escuelas, la Justa libertad de investigación, y los excelentes avances de la ciencia, que aquéllas propagan, corrieron peligro de ser entorpecidos sin razón alguna y erróneamente, en contra del pensamiento del mismo LEON XIII, el cual dice manifiestamente en la Encíclica «Aeterni Patris»:
«proclamamos que debe ser recibido de buen grado y gratamente todo lo que alguien dijere sabiamente, todo lo que fuere hallado y descubierto par utilidad por alguien». Y después de haber exhortado a todos a buscar la «áurea sabiduría de Santo Tomás», continúa: «Decimos la sabiduría de Santo Tomás: pues si algo ha sido investigado por los doctores escolásticos con exagerada sutileza, o a sido enseñado con poca ponderación, si algo es menos coherente con las doctrinas aprobadas de época posterior, o finalmente si algo de los escolásticos de cualquier modo no es probable, no está en nuestro ánimo de ninguna manera el que esto sea propuesto a nuestra época en orden a su imitación»
882. Por lo cual acertadamente PIO XI dio término al fin a este altercado doméstico de los católicos atendiendo a la Tradición plurisecular de la Iglesia, o sea en favor de la Justa libertad y de la honesta emulación, publicando sin dudar:
«Entre los seguidores de Santo Tomás, cuales conviene que sean todos los hijos de la Iglesia que se dedican a los estudios de Teología, deseamos en verdad que dentro de una justa libertad se aquella honesta emulación de donde viene el progreso de los estudios, no obstante que no haya envidia alguna, la cual no favorece a la verdad y únicamente consigue destruir los vínculos de la caridad. Así pues para cada uno de éstos sea sagrado lo que se ordena en el anterior Código de Derecho Canónico (1355 5 2), y todos se comporten conforme a esta norma de tal modo que puedan llamarle a Santo Tomás en verdad su maestro. No obstante que no exijan por esto unos de otros algo más de lo que exige a todos la que es maestra y madre de todos, la Iglesia: pues en aquello, acerca de lo cual en las escuelas católicas suele discutirse unos poniéndose en una línea y otros en otra opuesta entre autores de la más reconocida solvencia, a nadie debe prohibírsele seguir aquella sentencia que le parezca la más verosímil»: D 2192.
PIO XII defendió de nuevo la misma libertad y emulación, con estas palabras:
«Hacemos Nuestras las advertencias de Nuestros predecesores, con las que quisieron velar por el avance auténtico en la ciencia y la legítima libertad en los estudios. Aprobamos totalmente y recomendamos el que la sabiduría antigua sea igualada, cuando haya necesidad de ello, por los nuevos hallazgos de las disciplinas; el que se planteen con libertad aquellos temas acerca de los cuales suelen discutir los intérpretes de reconocida solvencia del Doctor Angélica; el que se eche mano de nuevos recursos extraídos de la historia a la hora de interpretar con más plenitud los textos de Santo Tomás de Aquino. Y que ningún particular «se comporte en la Iglesia como maestro»; y que «no exijan unos de otros por esto algo más de lo que exige de todos la que es maestra y madre de todos, la Iglesia»; y que finalmente no se dé pábulo a las disputas inútiles,- pues la emulación al buscar y propagar la verdad no queda suprimida mediante la recomend3ción de la doctrina de Santo Tomás, sino que más bien se la impulsa y se la dirige con seguridad».
El mismo PIO XII, en solemne Alocución a la Universidad Gregoriana advirtió que la ley, por la que el anterior Código de Derecho Canónico can.1366 5 2 puso a Santo Tomás como guía y maestro al frente de todas las escuelas católicas, debe entenderse en el sentido expuesta por Pío XI en las palabras citadas en este texto y en este mismo número. Y además Pío XII recomendando una vez más la justa libertad añadió:
«Y por lo que atañe a vuestros estudios, a fin de no mezclar indiscriminadamente la doctrina católica y las verdades naturales que están, de acuerdo con ella y que han sido reconocidas por todos los católicos, con los esfuerzos de los hombres eruditos en orden a explicar aquellas verdades e igualmente con los elementos propios y las razones peculiares, por los que se distinguen entre sí los varios sistemas filosóficos y teológicos, que se dan en la Iglesia… Ninguna disciplina ni razón de esta índole es la puerta, por la que nadie entra en la Iglesia; y con mayor razón es ilícito el afirmar que ésta es la única puerta que está abierta. Vuestros insignes autores y maestros asociaron en hermosa alianza la fidelidad, que observaban continuamente respecto al sumo Doctor, con la libertad que debe ser estimada en mucho, la cual se debe a la investigación de las doctrinas, y que fue puesta siempre a buen recaudo por Nuestros predecesores, a saber por León XIII y por los que le han seguido en la Cátedra de Pedro. Así pues cada uno de los profesores puede obrar. libremente, dentro de los límites señalados los cuales no deben ser traspasados, en adherirse a alguna escuela, que haya adquirido en la Iglesia derecho de domicilio, ahora bien con esta norma, que distinga enteramente las verdades que deben ser mantenidas por todos de aquello, que constituye las líneas y los elementos de una escuela particular, y que al enseñar deje claro estas diferencias, como conviene a un maestro auténticamente sensato- a fin de que la doctrina auténtica y genuina de la Iglesia no se confunda con las varías y peculiares sentencias de cada escuela; estas dos cosas deben distinguirse muy mucho en verdad siempre entre sí»,
883. 7) Así pues la doctrina de Sto. Tomás ha sido en verdad aprobada por la Iglesia de un modo muy especial y por ello goza también de una autoridad especialísima como vía segura para alcanzar la verdad. No obstante: a) no por esto hay que juzgar que cada una de las afirmaciones de Santo Tomás la Iglesia las ratifica como verdaderas; b) ni tampoco a causa de esto las afirmaciones de otros Teólogos, a los cuales alaba la Iglesia, aunque sean contrarias a las de Santo Tomás de Aquino, puede decirse que la Iglesia las desaprueba de alguna manera como falsas o erróneas; c) ni a causa de esto otros sistemas teológicos, aparte del sistema tomista, deben ser considerados como vías no seguras en orden a alcanzar la verdad; d) más aún la justa libertad de la ciencia y la honesta emulación de los científicos, que quiere y recomienda positivamente la Iglesia, conllevan al menos la recomendación implícita de que dentro de las normas que prescribe a todos la que es maestra y madre de todos la Iglesia, se cultiven y se fomenten también con libertad y con emulación los distintos sistemas de los católicos, a fin de alcanzar los más fecundos frutos en el avanzar científico.

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Nota nuestra. Hoy día, más que nunca, por los efectos desastrosos que provocaron el abandono o la incomprensión del tomismo en el seno de la Iglesia, hace falta un retorno decidido a Santo Tomás. Por supuesto, como siempre decimos nosotros mismos, no todo lo que afirmó nuestro Doctor es verdadero, por imposible; pero más y más se hace manifiesto que grandísima parte de sus afirmaciones son verdaderas, lo que se advierte por las mismas consecuencias nefastas de las tesis que les son contrarias.       

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